Genial, eran las tres de la mañana y seguía en la azotea con mi guitarra y una taza de café, jamás acostumbre a juntar la guitarra con el vicio, y por vicio me refiero al licor y/o tabaco, son porquerías que sólo sirven para denigrar al ser humano, en mi casa casi todos los miembros son fumadores, yo soy el único que no lo hace, me refugié en la música, pues de tanto leer Cervantes aprendí que: "Donde hay música, no puede haber cosa mala", y pues aquí estoy, un chico que en vez de vicios idiotas prefiere estar bajo la luz de la luna y disfrutar de la delicada brisa marina que refrescaba mi cuerpo, como desearía estar en la playa en estos momentos... Pero bueno, les contaré más sobre mí, yo vivo en Trujillo, y me gusta mi ciudad, aunque anda de mal en peor los últimos años, de vez en cuando se reciben visitantes que valen la pena. Regresando a mi historia, eran ya las tres de la madrugada y yo creía estar solo, creía mal...
- Eh... Hola...
- ¡¡Demonios!! ¡¿Quién está ahí?!
- Tranquilo chaval, soy tu vecina y...
- ¡¿No te enseñaron qué no es normal ir saludando a la gente a las tres de la madrugada?!
- ¡¿Y a ti no os enseñaron que tocar guitarra y aullar como perro degollado tampoco es normal gilipollas?
- ¡Pero de mi nadie se queja niña! - gran mentira la mía, en verdad en más de una vez me mandaron la policía.
- ¡¡¿NIÑA?!! ¡¿Me habéis llamado niña maldito cretino?!
- ¿Y es que acaso no eres una mocosa llorona?
- Mira cabrón, que sea pequeña de talla no significa que...
- Que qué, ¿qué seas mayor que yo? Pff... Adiós - me di la vuelta y me fui caminando con toda la paciencia del mundo.
- Espera... se caballero al menos y espera a que me valla.
Me detuve en seco, regresé de la puerta que se dirigía a las escaleras que bajaban de la azotea solo para responderle - O sea que después que me asustas, me arruinas la noche ¿y deseas que me quede aquí hecho el idiota hasta que te vayas?
- Eh... Pues sí.
- Pues no lo haré, baja y déjame en paz.
- ¡¡Encima de irrespetuoso poco hombre!!
- ¡Ja! ¡¿Poco hombre?! Jódete mocosa del demonio.
- ¡¡Qué no soy una mocosa!!
Baje lo más rápido que pude, estaba muerto de la vergüenza, todos los vecinos suelen quejarse que no les dejo dormir, pero por nada del mundo dejaba de tocar, y en ese momento una simple chica, aunque no tan simple, me dijo que me callase y lo hice, ¿qué de especial tiene esa chica? ¿Serán sus ojos azules magníficos que a pesar de la noche se veían tan hermosos o su dejo español que tanto me gusta? ¡Dios, qué chica!
TRES DÍAS DESPUÉS
En cierto modo no he dejado de pensar en la chica, la academia comenzaba el lunes de la otra semana, y en ese momento, como todo sábado, trabajo tengo de sobra, pues el café-bar - sí, trabajaba en un café- llamado "Dos gatos" estaba repleto, en otras palabras, sobraba clientela, lo que significa que había más propinas, y por ende mayores eran mis ingresos. Solía trabajar todos los días en turnos que iniciaban a las cuatro y terminaban a la media noche, pero los fines de semana trabajaba turnos dobles, porque hay más ingresos, pero resulta que ese día era mi último doble turno, por algo que ya dije arriba, la academia, en verdad me gustaba mi trabajo, no era difícil, pero si agotador, incluso ya tenía conocidos como Don Ramírez, que era muy difícil no verle un fin de semana en el café-bar, y que se cansaba de ofrecerme un trago, y la respuesta siempre era la misma: "Lamento decepcionarle Don Ramírez, pero yo no tomo, por algo le atiendo", y él respondía siempre con una carcajada muy estridente, y así como él muchos más que ya les iré contando en otras ocasiones.
Cuando hacía doble turno normalmente llegaba a mi casa a las doce o una de la madrugada, pero ese sábado como nunca llegué a las once, en casa se encontraban mi padre y mi hermana, mamá estaba de viaje, les saludé y pasé directo a la ducha, una vez terminada la sesión de baño de aproximadamente diez minutos, me fui a "dormir", aunque necesitaba contarle a alguien lo que pasó la noche pasada por la madrugada y quien mejor que Annia, mi amiga incondicional, a quien conozco desde que tengo uso de razón. Di una chequeada rápida a mi Facebook, tenía unas cuantas notificaciones, cosas sin importancia cuando de repente se escuchaba algo abajo...
- Buenas noches, ¿se encuentra el chico de la guitarra?
- Te refieres a mi hijo - respondió mi papá a la vez que se reía - acaba de subir a su cuarto, tal vez mas tarde suba a la azotea, aunque lo dudo, pues recién llega de trabajar.
- ¿Trabaja?, bueno le dice que le vino a buscar la chica de a lado.
- Listo, yo le digo. Hasta luego.
- Adiós, y gracias.
- Un momento, ahora bajo, estaba por dormir pero me fue imposible no oír la conversación, dame cinco minutos - no suelo espiar a las visitas, pero tengo la mala costumbre de cuando llaman a la puerta observar quien es desde la ventana del cuarto de mis padres.
Me puse los jeans con los que estuve en el trabajo, un polo color negro y una camisa blanca con una especie de bordado medio tribal o que se yo, algo de perfume, ¿para qué? No lo sé, bajemos las escaleras, algo de agua en el cabello y listo, no habían sido ni tres minutos y ya estoy en el vestíbulo de mi casa junto con "la chica de a lado"; sinceramente, eso de "la chica de a lado" me recuerda demasiado a una película que vi en línea con una gran amiga mía, pero eso ahora no tiene importancia.
- Ehh...hola.
- Hola, ¿damos una vuelta?
- No, sólo venía a disculparme por lo de la vez pasada, pues creo que fui algo torpe al hablarte, pero ya no tiene importancia, no quería molestarte el sueño, lo siento mucho...
- No estaba durmiendo... Eh... La verdad... Sólo subía a cambiarme y no sé...
- No importa, ya me voy, que descanses, lamento la molestia.
Y se fue, sin dejarme despedirme, se metió por su puerta y desapareció.
- Parece que no te resultó el plan eh hijo.
- Cállate papá.
La verdad es que ahora que lo veo con más seriedad era muy egoísta con mi padre, siempre estaba ahí cuando algo iba mal aunque con una de sus bromas tontas y yo siempre me desahogaba con él a lo que él sólo sonreía y me hacía pasar o alguna caricia que para cuando niño era me agradaba pero con el tiempo nos fuimos alejando y todo eso que suele pasar con la edad.
Subí a mi habitación, y porque negarlo, algo enojado, no esperaba esa respuesta, no sé por qué me imaginaba una caminata algo romántica con ella, bajo la luz de la luna, pero no, ella decidió hacer que me cambie, me ponga algo de perfume, ¿y todo para qué?, para nada. Tiré un portazo, abrí la portátil, Annia estaba en línea, le hablaré, no me fijé en la hora que inicié a hablarle pero si en la hora que se fue, y ya era tarde, algo de las tres o por ahí, me quité la ropa quedándome en ropa interior, y me tiré en la cama, exhausto por el trabajo y enojado por el mal rato con mi vecina, no es buen momento para recordar, ni ponernos a pensar de que hubiera sido mejor si hubiera dicho esto o aquello, mejor descansemos, porque sin que yo lo quisiera, inicié una historia de la cual no me arrepentiré nunca en la vida.
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