viernes, 18 de julio de 2014

Capítulo II: ¿A quién le gusta los lunes?

       Y así pasaron los días, malo que bueno creí haber olvidado a aquella chica, expliqué en el bar que me iba a preparar para la universidad, por lo que iba a dejar el trabajo, mi jefe al igual que compañeros y clientes mostraron su descontento tratando de persuadirme diciendo que aumentarían la paga y que me dejarían trabajar los días que pueda, lastimosamente tuve que explicarles a fondo el tema para que por fin me dejen renunciar, la afamada preparación comenzaría el lunes de la semana siguiente, por lo que me compraría unos cuantos libros y cuadernos para comenzar la preparación en casa. Por otro lado no veía a la chica de a lado, empecé a creer que se había mudado de casa, pero siempre que pasaba por su casa, que obviamente estaba de camino a la mía, las luces estaban encendidas, tenía otras hipótesis, pero conforme las pensaba las iba descartando por la poca lógica que tenían.
       Empezaba a esperar el lunes con desespero, pero... ¿a quién demonios le puede gustar los lunes?, creo que esa vez, por primera y única vez a mí me gustaba el lunes, o al menos ESE lunes. Tenía curiosidad, nunca antes había ido a una academia, tenía curiosidad por ver con qué facilidad podía hacer amigos, y es que en la primaria y secundaria no hice muchos amigos, excepto los que obtuve en quinto de secundaria. Además de que uno no iba a la academia solo para hacer vida social, todos los que iban a las academias tenían una misma meta: Ingresar a la UNT, yo personalmente tenía... no sé... ¿Intriga? Sí, intriga es la palabra, tenía intriga por aquel examen de admisión, "¿qué de especial puede tener un examen? ¡Es un simple examen!", este tipo de cosas pasaban por mi cabeza antes de ir a la academia...


LUNES POR LA MAÑANA
- ¡Gabriel! ¡Apúrate o llegaras tarde!
- Mamá, son las 6:30 de la mañana y la academia es a las 8:00 aún, ni que estuviera a una hora de viaje.
- No, ya son las 7: 00 de la mañana.
- Mamá son las 6:30...
- ¿Ah, sí? En mi reloj dice que son las sie... a no hijo tienes razón, son las seis treinta... PERO IGUAL LEVÁNTATE A HACER LA LIMPIEZA.

       Señoras y señores, les presento a mi madre, esa mujer que me trajo al mundo para decirme que está orgullosa de mí pero siempre tiene alguna queja con respecto a mí, mi madre es una mujer adorable, servicial y muy buena cocinando, pero también es muy exagerada y gritona, tal vez este ejemplo lo reconozcan porque mayormente a casi todos nos ha pasado:
- Vas a llegar tarde, son las 7:30 de la noche.
- Mamá, son las 7:00 aún.
- Ah ya...

       Esto es típico de todas las madres, pero bueno, mi madre me estaba torturando para que me levante y haga tanta cosa que terminé levantándome, pasé directo a la ducha, obviamente me bañe rápido y bajé a tomar desayuno, estaba emocionado, jamás había ido a una academia en toda mi vida, me vestí lo más decente posible, fui con unos jeans, un polo blanco sin ningún detalle, sobre el polo una camisa gris y zapatos de andar grises también, y así con toda la emoción me dirigí a la academia. Tomé el bus que me deja en la universidad y camine algo de cinco a seis cuadras en busca de la academia que en primera impresión pensé que era un centro comercial por el ambiente, en la entrada algo de cien a ciento veinte personas entre chicos y chicas de 15 a 19 años sin ningún interés de socializar entre ellos, y así abrieron la reja que dirigía a una escalera en la que un hombre alto, gordo y con cara de amargado esperaba en la entrada, lo que se tenía que hacer era sencillo, te diriges hacia la puerta le entrega as tu carnet al portero y este te indicaba donde se encontraba tu salón.
- Buenos días señor.
- Tu carnet.
- A... Aquí tiene - dije mientras que pensaba que ese hombre no tenía ni siquiera un poco de modales.
El hombre analizó mi carnet, no sé si esperaba que sea falso, pero cuando alzó los ojos, él me analizó como scanner y soltó una carcajada que me disgustó  mucho, ¿se estaba burlando de mí el idiota ese?
- ¿En verdad vas a intensivo? ¿Cuántos años tienes, 15, 16?
- Si, si voy a intensivo, y tengo 17. Ahora me indica donde demonios está mi salón, porque no quiero perder mi tiempo con alguien tan idiota como usted, claro, con el debido respeto - en esas cuatro últimas palabras deposité todo el sarcasmo que podía depositar después de todo el enojo.
       Toda la gente que está cerca hablando por celular o leyendo algo para estar preparado para la clase de hoy se quedaron atónitos, sin decir una palabra tan sólo me miraban como si lo que hubiera dicho fuera un pecado, está bien sé que me sobrepasé pero odio que se quieran pasar de listos conmigo. Por otro lado el hombre me quedó mirando más que atónito, enojado, porque en su mirada se refleja la ira de alguien a quien jamás nadie se había atrevido a insultarle - Tienes agallas mocoso, tu salón está en el sétimo piso, y te vas apurando porque le falta poquito para que se  acabe la hora de entrada - y volvió a carcajearse dándome un empujón hacia las escaleras, un empujón de esos de amistad o cariño o como sea, no creo que sintiera afecto por alguien que recién conoce, quien diría que ese viejo a quien no reconocía era primo de Don Ramírez, y además también era cliente del café-bar.
       Enfadado subí las escaleras quejándome que cómo es posible que en un edificio de tantos piso no tuviera ni un sólo ascensor, una vez tal que llegué al salón no me sorprendí ni nada, no sé tal vez esperaba algo diferente a lo que era un salón de colegio, pero esto era idéntico a eso, sólo que tres veces más grande y en vez de carpeta individual, habían carpetas múltiples en las que tranquilamente cabían cinco chicos y esto es, lo malo era que parecía haber miles de ellas y todas estaban ocupadas, bueno casi todas, las de adelante estaban ocupadas por chicas raras y las de atrás por los vagos que no dejaban atender la clase(eso lo aprendí con el tiempo), por lo que decidí sentarme con las chicas raras, ¿qué malo podía pasar?
      Y en lo que yo pensaba y preguntaba si podía sentarme en esa mesa, llegó el profesor, si no me equivoco era el profesor de química orgánica, no recuerdo el nombre pero tampoco es relevante porque lo increíble sucedió exactamente dos minutos después del ingreso del profesor, inició así:
1. Llamaron a la puerta.
2. El profesor fue a abrir.
3. Acto seguido, preguntaron si podía pasar y el profesor dijo "claro, pasa"
4. Y por último pasó, entró mi queridísima vecina (sarcasmo), a mi casi se me cae la cara no sé si por vergüenza o porque no deseaba verla más después del desplante de la otra noche, pero yo y mi bocota entramos en acción.
 - ¡Oh no! ¿tú aquí?

miércoles, 16 de julio de 2014

I: Nuevos... ¿Vecina?

  Genial, eran las tres de la mañana y seguía en la azotea con mi guitarra y una taza de café, jamás acostumbre a juntar la guitarra con el vicio, y por vicio me refiero al licor y/o tabaco, son porquerías que sólo sirven para denigrar al ser humano, en mi casa casi todos los miembros son fumadores, yo soy el único que no lo hace, me refugié en la música, pues de tanto leer Cervantes aprendí que: "Donde hay música, no puede haber cosa mala", y pues aquí estoy, un chico que en vez de vicios idiotas prefiere estar bajo la luz de la luna y disfrutar de la delicada brisa marina que refrescaba mi cuerpo, como desearía estar en la playa en estos momentos... Pero bueno, les contaré más sobre mí, yo vivo en Trujillo, y me gusta mi ciudad, aunque anda de mal en peor los últimos años, de vez en cuando se reciben visitantes que valen la pena. Regresando a mi historia, eran ya las tres de la madrugada y yo creía estar solo, creía mal...

- Eh... Hola...
- ¡¡Demonios!! ¡¿Quién está ahí?!
- Tranquilo chaval, soy tu vecina y...
- ¡¿No te enseñaron qué no es normal ir saludando a la gente a las tres de la madrugada?! 
- ¡¿Y a ti no os enseñaron que tocar guitarra y aullar como perro degollado tampoco es normal gilipollas?
- ¡Pero de mi nadie se queja niña! - gran mentira la mía, en verdad en más de una vez me mandaron la policía.
- ¡¡¿NIÑA?!! ¡¿Me habéis llamado niña maldito cretino?!
- ¿Y es que acaso no eres una mocosa llorona?
- Mira cabrón, que sea pequeña de talla no significa que...
- Que qué, ¿qué seas mayor que yo? Pff... Adiós - me di la vuelta y me fui caminando con toda la paciencia del mundo.
- Espera... se caballero al menos y espera a que me valla.

       Me detuve en seco, regresé de la puerta que se dirigía a las escaleras que bajaban de la azotea solo para responderle - O sea que después que me asustas, me arruinas la noche ¿y deseas que me quede aquí hecho el idiota hasta que te vayas?

- Eh... Pues sí.
- Pues no lo haré, baja y déjame en paz.
- ¡¡Encima de irrespetuoso poco hombre!!
- ¡Ja! ¡¿Poco hombre?! Jódete mocosa del demonio.
- ¡¡Qué no soy una mocosa!!

       Baje lo más rápido que pude, estaba muerto de la vergüenza, todos los vecinos suelen quejarse que no les dejo dormir, pero por nada del mundo dejaba de tocar, y en ese momento una simple chica, aunque no tan simple, me dijo que me callase y lo hice, ¿qué de especial tiene esa chica? ¿Serán sus ojos azules magníficos que a pesar de la noche se veían tan hermosos o su dejo español que tanto me gusta? ¡Dios, qué chica!



TRES DÍAS DESPUÉS

       En cierto modo no he dejado de pensar en la chica, la academia comenzaba el lunes de la otra semana, y en ese momento, como todo sábado, trabajo tengo de sobra, pues el café-bar - sí, trabajaba en un café- llamado "Dos gatos" estaba repleto, en otras palabras, sobraba clientela, lo que significa que había más propinas, y por ende mayores eran mis ingresos. Solía trabajar todos los días en turnos que iniciaban a las cuatro y terminaban a la media noche, pero los fines de semana trabajaba turnos dobles, porque hay más ingresos, pero resulta que ese día era mi último doble turno, por algo que ya dije arriba, la academia, en verdad me gustaba mi trabajo, no era difícil, pero si agotador, incluso ya tenía conocidos como Don Ramírez, que era muy difícil no verle un fin de semana en el café-bar, y que se cansaba de ofrecerme un trago, y la respuesta siempre era la misma: "Lamento decepcionarle Don Ramírez, pero yo no tomo, por algo le atiendo", y él respondía siempre con una carcajada muy estridente, y así como él muchos más que ya les iré contando en otras ocasiones.
       Cuando hacía doble turno normalmente llegaba a mi casa a las doce o una de la madrugada, pero ese sábado como nunca llegué a las once, en casa se encontraban mi padre y mi hermana, mamá estaba de viaje, les saludé y pasé directo a la ducha, una vez terminada la sesión de baño de aproximadamente diez minutos, me fui a "dormir", aunque necesitaba contarle a alguien lo que pasó la noche pasada por la madrugada y quien mejor que Annia, mi amiga incondicional, a quien conozco desde que tengo uso de razón. Di una chequeada rápida a mi Facebook, tenía unas cuantas notificaciones, cosas sin importancia cuando de repente se escuchaba algo abajo...

- Buenas noches, ¿se encuentra el chico de la guitarra?
- Te refieres a mi hijo - respondió mi papá a la vez que se reía -  acaba de subir a su cuarto, tal vez mas tarde suba a la azotea, aunque lo dudo, pues recién llega de trabajar.
- ¿Trabaja?, bueno le dice que le vino a buscar la chica de a lado.
- Listo, yo le digo. Hasta luego.
- Adiós, y gracias.
- Un momento, ahora bajo, estaba por dormir pero me fue imposible no oír la conversación, dame cinco minutos - no suelo espiar a las visitas, pero tengo la mala costumbre de cuando llaman a la puerta observar quien es desde la ventana del cuarto de mis padres.

       Me puse los jeans con los que estuve en el trabajo, un polo color negro y una camisa blanca con una especie de bordado medio tribal o que se yo, algo de perfume, ¿para qué? No lo sé, bajemos las escaleras, algo de agua en el cabello y listo, no habían sido ni tres minutos y ya estoy en el vestíbulo de mi casa junto con "la chica de a lado"; sinceramente, eso de "la chica de a lado" me recuerda demasiado a una película que vi en línea con una gran amiga mía, pero eso ahora no tiene importancia.

- Ehh...hola.
- Hola, ¿damos una vuelta?
- No, sólo venía a disculparme por lo de la vez pasada, pues creo que fui algo torpe al hablarte, pero ya no tiene importancia, no quería molestarte el sueño, lo siento mucho...
- No estaba durmiendo... Eh... La verdad... Sólo subía a cambiarme y no sé...
 - No importa, ya me voy, que descanses, lamento la molestia.

       Y se fue, sin dejarme despedirme, se metió por su puerta y desapareció.

- Parece que no te resultó el plan eh hijo.
- Cállate papá.

       La verdad es que ahora que lo veo con más seriedad era muy egoísta con mi padre, siempre estaba ahí cuando algo iba mal aunque con una de sus bromas tontas y yo siempre me desahogaba con él a lo que él sólo sonreía y me hacía pasar o alguna caricia que para cuando niño era me agradaba pero con el tiempo nos fuimos alejando y todo eso que suele pasar con la edad.
       Subí a mi habitación, y porque negarlo, algo enojado, no esperaba esa respuesta, no sé por qué me imaginaba una caminata algo romántica con ella, bajo la luz de la luna, pero no, ella decidió hacer que me cambie, me ponga algo de perfume, ¿y todo para qué?, para nada. Tiré un portazo, abrí la portátil, Annia estaba en línea, le hablaré, no me fijé en la hora que inicié a hablarle pero si en la hora que se fue, y ya era tarde, algo de las tres o por ahí, me quité la ropa quedándome en ropa interior, y me tiré en la cama, exhausto por el trabajo y enojado por el mal rato con mi vecina, no es buen momento para recordar, ni ponernos a pensar de que hubiera sido mejor si hubiera dicho esto o aquello, mejor descansemos, porque sin que yo lo quisiera, inicié una historia de la cual no me arrepentiré nunca en la vida. 

Prólogo






       La vida te enseña muchas cosas, entre ellas, y para mi la más importante, es que todo sucede por algo y que por más magnífico que parezca, cuando uno se propone algo, el universo confabula con el destino para que todo salga como lo deseamos. No sé quien fue el tipo que dijo esa frase, pero quien sea que haya sido, fue un tipo muy sabio, pues sabía que la mente lo puede todo, y que los sentimientos van a la par con los pensamientos y además que... No, no los confundo con mi filosofía, ustedes tienes una historia que leer, y yo, obviamente, una historia que contarles.
       Mi historia se remonta a cuando tenía 17, una época maravillosa, en lo que lo conocido se hace aburrido y lo desconocido una aventura la cual recorrer, y así, como en los cuentos para niños, comencemos con esta historia.
       Érase una vez...